segunda-feira, 29 de agosto de 2016
O impeachment não é a morte da democracia. Mas deveria marcar o fim do presidencialismo
POR Alexandre Versignassi ATUALIZADO EM 29/08/2016
Primeiramente, fora Collor. E fora FHC. Fora Dilma, também. E fora Temer. Pois é. Quando o Brasil não está derrubando um presidente, está pedindo a destituição de outro. No que faz muito bem: é parte da democracia requisitar a cabeça de um governante antes que ele termine o mandato contratado. Quando a referida cabeça é cortada, porém, o que entra em jogo é a própria democracia.
E isso é um problema maior que qualquer processo de impeachment isolado. É uma falha do nosso sistema de governo. Um cientista político de Yale, Juan Linz, definiu isso bem. Ele diz que tanto o Congresso como o presidente podem argumentar que falam pelo povo, já que ambos foram eleitos pelo voto direto. E que, quando esses dois poderes discordam frontalmente – como no caso de um pedido de impeachment – temos um problema. “Não há princípio democrático para resolver esse tipo de disputa”, Linz afirma.
Mas opa. Espera um pouco. Temos uma Constituição. Se o presidente fere uma lei constitucional (como a da responsabilidade fiscal) deve perder o mandato e pronto, certo? Mais ou menos : “Os mecanismos legais que a Constituição dá para um impeachment podem se provar áridos aos olhos do eleitorado”, ele diz.
Linz escreveu isso em 1990, como uma crítica ao regime presidencialista americano. Mas sua análise parece feita sob medida para o caso que estamos vivendo agora: a maioria absoluta de quem é a favor da queda de Dilma não entende o que foram as pedaladas fiscais. O mesmo vale para a facção “Fora Temer”. A aridez legalista de um processo de impeachment é tamanha que até fatos que deveriam soar banais começam a parecer esdrúxulos. Por exemplo: se Dilma ficar, Temer não sai. Segue como seu vice – uma peça de decoração que a chefe de estado certamente não gostará de ter perfilada ao seu lado em eventos oficiais.
É aí que mora a essência do problema pelo qual estamos passando hoje. A presidente e seu vice têm visões praticamente opostas sobre como tocar o governo. E por mais que um lado desse fla-flu argumente que Temer foi, sim, eleito, não é a visão de mundo do vice que venceu nas urnas – Dilma mesma bateu nessa tecla várias vezes hoje de manhã, no Senado.
Mais do que desnudar um sintoma da esquizofrenia da chapa Dilma-Temer, isso deixa às claras um problema do próprio regime presidencialista: a impossibilidade de “demitir” um chefe de estado* por incompetência. Fosse num regime parlamentarista, a impopular e politicamente desastrada Dilma seria trocada não pelo presidente do PMDB, mas por algum correligionário com os mesmos princípios** – não importa se esses princípios estejam certos ou errados, mas seria alguém que, em tese, representa as mesmas diretrizes que saíram vitoriosas da eleição.
Por essas, quase todos os países desenvolvidos são parlamentaristas. David Cameron, no Reino Unido, cedeu sua cadeira à correligionária Theresa May logo que os britânicos votaram pela saída da União Europeia, numa clara mostra de insatisfação com o próprio Cameron, defensor da permanência na UE. E não houve trauma – muito pelo contrário: Theresa é considerada a pessoa certa para tocar o barco do Brexit. O mesmo vale para casos opostos, o de quando o melhor para o país é a permanência do mesmo governante. É o caso da Alemanha. Angela Merkel veste como ninguém o manto de chefe de estado*. Como o sistema permite, ela segue no poder desde 2005. E, no que depender da vontade dos alemães e do resto do mundo, continuará como líder do quarto maior país do mundo por um bom tempo.
No Brasil, o parlamentarismo nunca passou por plebiscito nenhum por um motivo ignóbil: a ideia de que “a população não elegeria o chefe de estado*”. Elegeria, sim. No parlamentarismo você vota no partido, mas já sabe quem será apontado como Primeiro Ministro, ou Primeira Ministra. Você vota numa pessoa. A diferença é que, se essa pessoa se mostrar incapaz de governar, será substituída por outra, do mesmo partido**, encarregada de fazer com que o programa de governo eleito siga sendo implementado. Sem ameaça à democracia. Sem legalismos áridos. Sem trauma.
LINK ORIGINAL: SUPER INTERESSANTE - http://goo.gl/ZtIY9M
OBS DA PÁGINA:
* O texto tratou de Chefe da Governo, mas falou Chefe de Estado;
** Não há garantias que será do mesmo partido.
quarta-feira, 24 de agosto de 2016
La discreta influencia política del Rey
El Rey con la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el 20 de julio
FERNANDO J. PÉREZ
Madrid 23 JUL 2016 - 15:08 BRT
Los expertos destacan la necesidad de reserva para que el Monarca ejerza eficazmente
la competencia de árbitro y moderador que le otorga la Constitución
La intención declarada por Albert Rivera de pedirle al Rey que convenza a Pedro Sánchez de que el PSOE se abstenga para permitir que Mariano Rajoy sea investido presidente del Gobierno y evitar así unas terceras elecciones generales ha levantado una ola de críticas hacia el líder de Ciudadanos. Desde diversos frentes políticos y académicos se le acusa de ignorar cuáles son las funciones y los límites de la autoridad del Monarca en la Constitución.
La catedrática de Derecho Constitucional de la Universidad de Málaga Maria Luisa Balaguer considera que la idea lanzada por Rivera "es una barbaridad muy grande", que "compromete a una institución que debe ser garante de la imparcialidad". Balaguer afirma que el Rey "no puede entrar en el campo político" y que la mera sugerencia al líder de un partido sobre cuál debe ser el sentido de su voto "podría suponer cargarse la Corona en cinco minutos".
La próxima semana, el Rey iniciará la ronda con los partidos para proponer un candidato a presidente. Distintos expertos constitucionalistas han enmarcado en el pasado las entrevistas del Monarca con los líderes políticos —tanto para la investidura como para otros asuntos— como parte de la función de "árbitro y moderador" de las instituciones que la Constitución otorga al Jefe del Estado. En estos encuentros —y en otras manifestaciones, como los discursos reales o los viajes de Estado— el Rey ejerce sus capacidades de influencia política, no por la vía de la imposición, sino del consejo y la persuasión, señalan. Para que esta autoridad moral sea eficaz los expertos recomiendan, sin embargo, que se ejerza de forma discreta.
El catedrático de Constitucional de la UNED Antonio Torres del Moral considera que las palabras de Rivera son una "indiscreción" propia de estos tiempos en los que "todo se radia al instante". "Al Rey no se le puede marcar una conducta pública, es hacerle tomar partido, lo que en absoluto le corresponde", afirma. El Monarca, afirma, puede hacer comentarios, sugerencias y advertencias a los líderes políticos, pero "sin pasar de la discreción de una conversación privada".
Torres del Moral, uno de los mayores expertos españoles en la monarquía constitucional, opina que la decisión de Rivera de decir públicamente que piensa pedirle al Rey que apoye la abstención del PSOE es una "barbaridad contraproducente" que lastra o limita el papel moderador de Felipe VI. "Todo depende de la discreción, en la conversación inteligente de dos personas que saben que lo que se diga no va a ser público cabe esa libertad del Rey de decir, sugerir u opinar lo que crea más conveniente. Si eso no se asume de manera garante, la consulta a los líderes políticos queda en una mera toma de contacto", afirma.
En 2001, el Congreso de los Diputados dedicó sus Jornadas de Derecho Parlamentario a la institución de la monarquía parlamentaria. José María Gil-Robles, expresidente del Parlamento Europeo y letrado de las Cortes, se encargó de analizar el alcance de la expresión "arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones" que la Constitución reserva al Rey en el artículo 56.1. Gil-Robles señaló que la función de arbitrar "se produce siempre que el Rey ejercita las potestades típicas de un monarca parlamentario", que el politólogo y economista liberal inglés del siglo XIX Walter Bagehot sintetizó en "ser consultado [informado por el Gobierno], aconsejar y estimular". El Monarca, sostenía, tiene el "deber" de "discurrir y disponer" —en el marco de sus facultades— lo necesario para que funcionen bien las instituciones.
Moderar, en el contexto constitucional, según Gil-Robles, no supone decidir en los conflictos entre las instituciones, algo que reside en los jueces, sino el de evitarlos y prevenirlos "mediante sus advertencias, consejos y sugerencias". El jurista afirmaba que corresponde al Rey "velar por que los engranajes constitucionales no chirríen, aceitándolos o lubricándolos por vía de persuasión, que no de imposición".
"El ejercicio de esos poderes no requiere refrendo, ni siquiera es siempre público —aunque lo sea en determinados mensajes o discursos—, pero conlleva una eficacia directamente proporcional a la autoridad del titular de la Corona y, generalmente, tanto más grande cuanto más discreto sea ese ejercicio", señalaba Gil-Robles. "La práctica evidencia que el Monarca ha hecho amplio uso de esos medios", añadía.
En el mismo foro del Congreso, el entonces catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid Manuel Aragón sostenía que la merma del poder del Rey en la actual Carta Magna respecto a la monarquía española tradicional "se complementa con sus capacidades de influencia política, con sus funciones clásicas de animar, advertir y ser consultado". Según él, de la auctoritas del Rey se desprende una "importantísima función política".
Miguel Herrero de Miñón, letrado mayor del Consejo de Estado, señalaba en 1997 que la función moderadora del Rey "supone ejercer una influencia, una auctoritas, y no un poder de decisión". "El Rey aconseja, no ordena, pero su posición da al consejo un peso muy superior al que tendría cualquier otra persona", escribió en una monografía sobre el artículo 56 de la Constitución. Esta labor de moderación se realiza tanto entre las instituciones como en los "conflictos interpartidos". El Rey puede, afirmaba, "utilizar su prestigio para disminuir la virulencia de las tensiones y los conflictos" entre las formaciones políticas.
En el caso de la investidura de un presidente del Gobierno en ausencia de mayorías absolutas, el arbitraje y la mediación del Rey "es clave en las relaciones entre los grupos que expresa o tácitamente permiten la gobernabilidad del Estado", sostenía Herrero de Miñón, que también incidía en la necesidad de discreción. "La índole misma de la función moderadora en una monarquía parlamentaria hace que deba pasar inadvertida desde el exterior. Las relaciones entre el Rey y el Gobierno han de ser confidenciales", señalaba.
Frente a los autores que consideran que la función de árbitro y moderador es una competencia efectiva del Rey, aunque de un alcance no precisado, el catedrático de la Universidad de Sevilla Javier Pérez Royo consideraba en las jornadas del Congreso de 2001 que el artículo 56.1 de la Constitución es "simbólico, literario y no normativo". "La Corona no es que no intervenga como lo hizo la monarquía tradicional en el pasado, sino que no debe poder intervenir en el proceso político por imperativo constitucional", afirmaba.
LINK ORIGINAL: EL PAÍS - http://goo.gl/74UuKF
¿Son más democráticas las monarquías?
Emilio Lamo de Espinosa y Benigno Pendás, en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander
GERMÁN R. PÁEZ
Santander 25 JUL 2016 - 20:02Un curso en la Universidad de Santander intenta desmontar el mito de que la Corona es cara
¿Son los Estados monárquicos más prósperos y democráticos? Esto es lo que un grupo de sociólogos y politólogos han intentado demostrar este lunes, un día antes de que el Rey Felipe VI comience la ronda de consultas para la formar Gobierno. “Algunos de los países más avanzados desde el punto de vista social en Europa son monarquías, algo bueno tienen que tener”, ha comentado Benigno Pendás, el director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC), al inicio de su ponencia en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander. Un discurso que ha querido trufar de datos el presidente del Real Instituto Elcano, Emilio Lamo de Espinosa, que ha intentado desmontar la “creencia” de que la monarquía “no es democrática, es ineficiente y es cara” –un 21,7% de los encuestados otorgó un 0 a la institución en el CIS de mayo de 2015-.
“La monarquía española es de las más baratas del mundo”, ha afirmado Lamo de Espinosa, que ha proporcionado un dato: la Corona costaba 0,23 dólares (0,21 euros) per cápita en 2012, “el doble que la presidencia de la república alemana —0,46 dólares (0,42 euros)—”. El sociólogo ha recalcado las diferencias entre los presupuestos del sistema monárquico español y de la república presidencialista francesa: 7,9 millones de euros en 2013 frente a los 106 millones destinados el mismo año al presupuesto del Elíseo, según el estudio ¿Cuánto cuesta un jefe de Estado europeo? (Universidad Libre de Bruselas, 2013), citado por Lamo de Espinosa. La cantidad recogida en el artículo es, sin embargo, solo una parte del presupuesto que se asigna a la Corona, la destinada a “el sostenimiento de su familia y Casa”, pero no contabiliza las partidas que figuran en los presupuestos de varios ministerios.
“Los que piensan que las monarquías son una antigualla deberían hacérselo ver”, ha continuado el presidente del Insituto Elcano, para quien esta forma de gobierno está “a la vanguardia” de la democracia. “Es más probable tener una democracia bajo una monarquía que bajo una república”, ha asegurado Lamo de Espinosa, que ha remitido al banco de datos de la Universidad de Gotemburgo, que clasifica a 175 países por su forma de gobierno. “De 40 monarquías más de la mitad son democracias, mientras que solo lo son 53 de 135 repúblicas”.
El sociólogo ha defendido que las Coronas traen prosperidad y que parte de la sociedad española tiene una “ideología tremendamente distorsionadora” sobre este sistema de gobierno. “Hay nueve monarquías en los 20 primeros países con más calidad democrática”, ha dicho Lamo de Espinosa, que se ha referido al índice de democracia de The Economist, en cuyos primeros puestos se encuentran monarquías parlamentarias como Noruega, Suecia, Dinamarca o Países Bajos. La prosperidad y la transparencia son otros de los valores asociados a esta forma de gobierno por el catedrático, que ha recordado que estos países también aparecen en las primeras posiciones del índice de desarrollo humano de la ONU y del índice de percepción de la corrupción elaborado por Transparencia Internacional. “Por desgracia en esto último no estamos entre los primeros”, ha dicho sobre España, que ocupa el puesto 36 de 167 países.
El sociólogo ha querido convencer a la audiencia con un breve repaso histórico de que “el tiempo de Juan Carlos ha sido el mejor de la Historia de España”. “La primera republica fracasó estrepitosamente tras durar un año. Tuvo cuatro presidentes y uno que acabó diciendo: '¡Estoy hasta los cojones de todos nosotros!”, se ha referido Lamo de Espinosa al dirigente catalán Estanislao Figueras, que fue el primer presidente de la primera República. “La segunda tampoco salió bien, seguida por una guerra y una dictadura de 40 años después”, ha proseguido el catedrático, que ha defendido los “dos periodos de monarquía largos” como los mejores de la historia de España.
La reforma del artículo 99
El director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Benigno Pendás, ha manifestado la necesidad de revisar el artículo 99 de la Constitución, que establece el procedimiento de consultas con el Rey para el nombramiento del presidente del Gobierno. “Cuando se remansen las aguas y todo vuelva a su cauce, los expertos tendremos que repensarlo, porque es verdad que las normas jurídicas no lo pueden prever todo”, ha dicho en referencia al vacío legal que provocó la renuncia de Rajoy a presentarse a la investidura el pasado enero. El artículo no contempla la posibilidad de que un candidato propuesto por el Rey renuncie a ello.
LINK ORIGINAL: EL PAÍS - http://goo.gl/3Gu9OM
Príncipe da Dinamarca: ‘Vou ao mercado, faço minha própria barba’
Para o príncipe Joachim da Dinamarca, sua vida de aristocrata não tem nada de
extraordinária e está muito distante da ideia hollywoodiana da realeza
Por Daniela Pessoa
Atualizado em 19 ago 2016, 12h35
Filho mais novo da rainha Margrethe II, o príncipe Joachim da Dinamarca, conde de Monpezat, é o sexto na linha de sucessão do trono, depois de seu irmão Frederik e seus quatro sobrinhos. Nessa condição, não é de impressionar que ele tenha se dedicado a estudar agronomia em paralelo à carreira militar no Exército Real, e até trabalhado na multinacional Maersk, com sede em seu país e uma das maiores companhias de navegação do mundo. É apaixonado pelas corridas de carro e já disputou provas na categoria GT em que dirigia uma BMW devidamente envenenada. Joachim, de 47 anos, é casado desde 2008 com a francesa Marie Cavallier, com quem tem dois filhos (tem outros dois, de uma união anterior, com a britânica Alexandra Manley). Em sua quarta visita ao Brasil, o príncipe dinamarquês aproveitou para curtir o Rio em meio à Olimpíada. Hospedado em um hotel quatro estrelas em Copacabana, ele falou a VEJA sobre suas impressões dos jogos, do Rio e do Brasil. Membros do protocolo real, entretanto, recomendaram à reportagem que se abstivesse de fazer perguntas de cunho político e sobre a intimidade da família real (como, por exemplo, a sua relação sabidamente tensa com o irmão mais velho). Ainda assim, o príncipe que, dias antes, havia andado de bicicleta na ciclovia de Ipanema, mostrou-se de uma simplicidade surpreendente. Depois de uma conversa em que fez questão de ser chamado de “você”, saiu para fumar do lado de fora do hotel, em pé na calçada, onde foi abordado por uma vendedora de panos de prato. Confira abaixo a entrevista.
-Assim como todo mundo, ou a maioria das pessoas, eu achava que o Brasil era o país do samba e da floresta tropical. Depois, percebi que era um centro de negócios na América do Sul e uma nação altamente sofisticada, high tech. Não se constrói uma empresa como a Embraer sem dominar tecnologia. Um teleférico tão complexo quanto o do Pão de Açúcar, no Rio, exclusivamente para fins turísticos, também é algo surpreendente.
-Curioso você dizer isso, porque nós, brasileiros, costumamos criticar a falta de investimento em ciência e tecnologia.
-Vocês podem criticar, praguejar, fazer o que quiserem, mas o Brasil começou tarde a sua Revolução Industrial e logo se transformou em uma potência no campo aeronáutico, por exemplo. Um país não faz isso porque quer, mas porque pode. Fico muito feliz em declarar, ainda, que vocês estão na frente de muitos países europeus no quesito sustentabilidade e gestão de resíduos. Mas é claro que ainda há um longo caminho a percorrer, porque as cidades brasileiras são muito grandes.
-A Dinamarca tem interesses comerciais no Brasil?
-O Brasil sempre foi a principal economia da América do Sul e da América Latina, então, sempre que eu venho para cá, procuro estreitar nossos laços comerciais. Para um país relativamente pequeno como a Dinamarca, com cinco milhões de habitantes, o Brasil é um lugar de muitas oportunidades. Só São Paulo tem 40 milhões de moradores – é um estado-nação, se você me permite dizer. Nós não encontramos um número desses na Europa.
- Mas e a crise brasileira, não prejudica esses interesses?
-Vocês estão passando por um momento difícil, político e econômico. Mas o Brasil tem 200 milhões de habitantes, o que significa que sempre será um mercado potencial para nós. Por que não aproveitar então a Olimpíada para atrair negócios e procurar cooperação? Acreditamos no país. A atitude e o espírito dos empresários brasileiros frente ao atual cenário também é muito interessante. Eles sabem que é hora de se reerguer, de dar a volta por cima e começar de novo. Deixemos os problemas políticos com os políticos e vamos esperar a democracia decidir quem e o que culpar. Enquanto isso, os negócios não podem parar. Não sou Nostradamus, mas digo uma coisa: quem investir no Brasil em 2016 vai se dar bem pelos próximos 50 anos.
- Que negócio você abriria por aqui se pudesse?
- A Câmara de Comércio da Dinamarca no Brasil tem 70 anos e mais de 100 empresas associadas, que vão de grandes conglomerados a operações simples. Sei que há uma disparidade muito grande entre ricos e pobres no país, mas existe uma classe média que tem o poder de compra. Por isso, me atrevo a dizer que qualquer coisa é possível no país, do luxo ao bem de consumo médio.
- A Lego é talvez a empresa dinamarquesa mais pop no Brasil. Qual é a sua relação com as pecinhas coloridas de encaixar?
- Lego é um brinquedo muito especial, porque é duradouro e criativo, diferente de uma Barbie, por exemplo. Sei que a empresa tem um programa educativo nas escolas brasileiras para estimular a imaginação e a concentração, me orgulho muito disso. Eu mesmo brinquei bastante com Lego e meus filhos também brincam – às vezes com peças que foram minhas. Quando viajamos, não pode faltar um kit de bloquinhos na bagagem, para garantir a distração durante os voos mais longos.
- Já esteve numa favela?
- Não, mas a minha esposa já fez trabalhos comunitários no Pavão-Pavãozinho, em Copacabana. Ela disse que ficou entristecida ao ver o tamanho da pobreza, mas positivamente surpresa e encorajada ao notar a quantidade de programas sociais transformadores que existem nas comunidades. A prospecção de novos negócios é muito importante inclusive para o desenvolvimento desses espaços urbanos, é o que garante a paz e a estabilidade. Afinal, ninguém quer uma guerra atrapalhando as transações comerciais.
- Qual é o seu esporte preferido?
- Não diria que sou muito esportivo, mas adoro automobilismo, e às vezes até pratico. Sou muito fã do automobilista brasileiro Lucas de Grassi, já dirigi com ele. É um cara muito legal.
- Então provavelmente você gosta mais de Ayrton Senna e De Grassi do que de Pelé e Neymar…
- Eu também amo futebol, tanto assistir quanto jogar, apesar de ser pena de pau. Estou animado com esta Olimpíada, porque trouxemos o maior contingente de atletas dinamarqueses da história. É por isso que estou hospedado no mesmo hotel onde o nosso comitê olímpico está. Quero estar perto para dar força. Temos alta expectativa de medalhas.
- É mesmo? Não é meio ameaçador ter o filho da rainha entre os dirigentes esportivos, para o caso de as coisas não saírem como se espera?
- Não. Nesse caso, só acho que vamos ter de treinar mais.
- O que anda bebendo e comendo por aqui?
- Tomei muitas caipirinhas, claro, e comi uma carne deliciosa num restaurante em São Paulo, pela qual valeria a pena matar ou morrer. Os vegetais brasileiros também são de muita qualidade – voltamos àquela história da tecnologia, mas dessa vez no segmento alimentar. Também experimentei açaí pela primeira vez e adorei, assim como os meus filhos. Foi um grande sucesso na família.
- Está levando algum souvenir na bagagem?
- Com todo o respeito ao Corcovado, não comprei nenhuma réplica do Cristo nem nada parecido, porque é muito cafona. Prefiro arte, como um artesanato tipicamente brasileiro feito à mão. Mas o mais importante é levar memórias e boas fotografias.
- Por falar em lembranças, que experiências marcantes você já viveu no Brasil?
- Quando estive no Pantanal, há alguns anos, nadei tentando manter distância das piranhas e lacei jacarés para me divertir. Dessa vez, joguei vôlei de praia pela primeira vez na vida, em Copacabana, com a minha família.
- E como é o cotidiano da realeza na Dinamarca?
- Vou ao supermercado, ando de bicicleta, faço a minha própria barba. É uma vida distante das excentricidades hollywoodianas que as pessoas imaginam.
LINK ORIGINAL: VEJA - http://goo.gl/QzAzD8
Hora de restaurar a monarquia
A Inglaterra convive há séculos com a monarquia. A rainha é respeitada (quase reverenciada) e os ingleses não se incomodam de ser chamados de súditos. A rainha desfilou em carro aberto há algumas semanas, quando completou 90 anos. Foi aplaudida por milhares de ingleses. Outros milhares pagaram para participar de um regabofe em áreas públicas para comemorar o aniversário de dona Elizabeth II.
A monarquia inglesa, com todo seu luxo, pompa e circunstância, custa menos que nossos deputados e senadores. Custa menos que nossa presidência. Deputados ingleses não têm a mesma mordomia dos tupiniquins – pagam despesas do próprio bolso, dirigem seus carros, quando não, andam de metrô e ônibus.
Os nossos devem ser melhores. Ganham os tubos, têm carro, motorista, batalhão de assessores, passagens aéreas e direito de usar a gráfica oficial para alardear seus feitos. Alardear pra que? Trabalhar é apenas sua obrigação, seu dever. Foram eleitos para isso.
Deputados ingleses andam sozinhos. Os nossos são rodeados por seguranças. Isso para ficar na Inglaterra. Em alguns países europeus, deputados moram em alojamentos coletivos (os nossos em apartamentos), usam um refeitório comum (há uma cozinheira para isso) e lavam suas roupas numa lavanderia coletiva. Cada um tem única secretária. Nada mais.
Por que chegamos a esse ponto? Durante anos a fio foi negada a instrução aos mais pobres, que formam a maioria, que não abriram o olho para o acúmulo de privilégios dessa turma saída de classes mais abastadas. Melhorou um pouco. Houve mais instrução, mais escolas. O mundo se abriu. Mas estamos regredindo.
Basta ver o nível de ensino – há raríssimas exceções. Ensina-se pouco, o suficiente para alguém aprender ler e escrever. Não se ensina pensar. Os meios de comunicação, que poderiam ajudar esclarecer muita coisa, se limitam ao circo, ao fútil, ao inútil – é só analisar a programação das tevês para saber a quantidade de novelas, horários esportivos e pregações religiosas.
Talvez estejamos mesmo precisando de um monarca – rei ou imperador, tanto faz. Não precisamos de tantos deputados e senadores. Não precisamos de batalhão de assessores e seguranças. Não precisamos de tantos carros oficiais com motorista. Até por uma questão de estética – que se compare a realeza européia, pinçando-se rainhas e princesas, com a qualidade do que temos por aqui. Em todos os sentidos.
O problema é que por aqui muita gente pensa que é rei. Rei e absolutista, diga-se de passagem. Bem diferente de nosso último imperador, Pedro II, um poço de conhecimento, cultura e sabedoria. É esse tipo de rei que precisamos, para abrir a cabeça dessa plebe fútil, ignorante e improdutiva. Que venha a monarquia.
LINK ORIGINAL: JUNDIAI NOTICIAS - http://goo.gl/l03zgw
Custo com partidos chega a R$ 9,4 bilhões em 10 anos
01/08/2016 - 07h30
Além da propaganda eleitoral e partidária na TV, esses recursos custearam aluguéis de sedes, viagens de dirigentes, compra de equipamentos e pagamento de pessoal de todas as legendas - desde as mais influentes nos rumos do País, como PT, PMDB e PSDB, até os vários "nanicos" que atuam como coadjuvantes no Congresso Nacional e nas Assembleias Legislativas.
Até recentemente, os cofres públicos pareciam ser uma fonte inesgotável de verbas - mas o quadro mudou com a crise econômica. Além disso, a disputa por esses recursos se acirrou após a proibição do financiamento de campanhas por empresas. É nesse contexto que volta a prosperar no Congresso e no governo a ideia de reservar o acesso aos subsídios públicos apenas às legendas com maior representatividade política, com a adoção da chamada cláusula de barreira.
Segundo cálculos do Estadão Dados, de cada R$ 5 do financiamento público das atividades políticas na última década, R$ 1 foi direcionado a partidos com baixa representatividade, que obtiveram menos de 2% dos votos na última eleição para a Câmara dos Deputados em termos nacionais ou na maioria dos Estados. Enquadram-se nessa categoria 19 legendas, que custaram R$ 1,7 bilhão em subsídios desde 2007.
Esses 19 partidos, que elegeram apenas 13% dos deputados federais em 2014, perderiam acesso ao Fundo Partidário e à propaganda gratuita na TV se já estivesse em vigor a cláusula de barreira que PSDB e PMDB pretendem aprovar, por meio de uma proposta de Emenda à Constituição. Já as 13 legendas detentoras das demais 87% das vagas da Câmara sairiam ganhando, ao reduzir o número de concorrentes com quem teriam de disputar o dinheiro do Fundo Partidário e a atenção dos espectadores do horário eleitoral.
Rateio
Dados do Tribunal Superior Eleitoral (TSE) mostram que o Fundo Partidário distribuiu R$ 4,4 bilhões em recursos públicos nos últimos dez anos. Os repasses anteriores a 2016 foram corrigidos pela inflação para representar seu valor presente. O dinheiro sai do Orçamento da União, ou seja, dos impostos pagos pelos contribuintes.
Já o custo da propaganda eleitoral e partidária não se refere a uma despesa direta do governo, mas ao que ele deixa de arrecadar. Gratuito para as legendas, o tempo de exibição é pago na forma de isenção de impostos para as emissoras de rádio e televisão. Segundo cálculos da Receita Federal, essa renúncia fiscal chega a quase R$ 5 bilhões na soma de 2007 a 2016.
Apenas neste ano, de acordo com estimativa da Receita, cerca de R$ 562 milhões deixarão de ser pagos em impostos como compensação pela cessão de tempo de rádio e televisão. As campanhas dos candidatos a prefeito terão dois blocos diários de dez minutos no horário eleitoral fixo, de segunda-feira a sábado. Além disso, serão exibidos 70 minutos diários de inserções de até 30 segundos, distribuídas ao longo da programação das emissoras, até mesmo aos domingos.
A conta de 2016 que será paga pelos contribuintes também abrange as propagandas feitas pelos partidos no primeiro semestre - nesse caso, ao menos em tese, o foco não eram as eleições, mas a difusão dos programas das legendas. Para isso, os telespectadores foram bombardeados com 275 minutos de programas no horário nobre das emissoras, além de 429 minutos de inserções distribuídas ao longo dos dias. As informações são do jornal O Estado de S. Paulo.
LINK ORIGINAL: OPOVO - http://goo.gl/mB9Vlg
Impeachment de Dilma prova a falência do presidencialismo?
Dilma recebe ajuda da filha Paula Rousseff após colocar a faixa presidencial
O parlamentarismo é um modelo em que o Congresso é o responsável pelas decisões políticas do país, em vez do presidente, que se torna apenas chefe de Estado (com controle das Forças Armadas e diplomacia, por exemplo), cabendo ao primeiro-ministro a chefia de governo.
Está previsto, portanto, a deposição mais ágil do primeiro-ministro que não atenda aos ensejos do Legislativo e até a dissolução de todo o Congresso e novas eleições em casos mais graves.
Para defensores da proposta, a instituição dessa mudança é uma solução razoável e rápida para crises institucionais e desgastes semelhantes ao processo de impeachment que está prestes a terminar, depois de quase 9 meses. O assunto voltou à pauta por representar uma redução dos poderes do Executivo e que, teoricamente, dá reação mais rápida à opinião pública.
Escolhido novo líder do governo no Senado, Aloysio Nunes Ferreira (PSDB-SP) já colocou em tramitação a Proposta de Emenda à Constituição 9/2016, que estabelece o sistema parlamentar no país. Para ser aprovado e dar fim ao período de presidencialismo, seria necessário maioria de 3/5 de ambas as casas do Congresso e um plebiscito para legitimação.
Seria essa, no entanto, a resposta para a melhoria na forma de governar o Brasil? EXAME.com consultou especialistas para dar o panorama geral das vantagens e desvantagens de tal troca.
Presidencialismo em xeque
Entre os grandes nomes da academia que defendem a mudança está o jurista Ives Gandra Martins. Como membro do conselho de reformas políticas da OAB de São Paulo e da Fecomércio, o professor emérito da Universidade Presbiteriana Mackenzie é o organizador de um livro com 24 autores que examinam as vantagens da instauração do parlamentarismo, a ser lançado em 19 de setembro.
Para Gandra Martins, do ponto de vista do retrato histórico, o presidencialismo é um fracasso em toda a América Latina. “Torna-se um governo de um homem só, em que o presidente é o dono do poder. O partido não existe. Temos legendas, com pessoas se unindo e mudando de partido de acordo com interesses”, diz o jurista.
No parlamentarismo, segundo ele, políticos só têm vida “dentro do partido”. Gandra Martins cita as políticas econômicas tomadas pela presidente Dilma Rousseff em relação à Petrobras e setor energético como “impossíveis” em tal regime, já que seu partido não teria o poder de barganha das coalizões feitas para aprová-las no Congresso.
“As práticas são efetivamente decididas de acordo com o interesse nacional”, diz. “A Margaret Thatcher [primeira-ministra do Reino Unido de 1979 a 1990, famosa por reformas liberais] era obrigada a dar explicações quase diariamente ao Congresso”. O modelo de referência britânico é defendido pelo jurista e proposto pelo senador Aloysio Nunes em sua PEC — excetuando-se apenas o título monárquico ao chefe de Estado.
Para Gandra Martins, o parlamentarismo evita também as uniões questionáveis de coligações de partidos e políticos sem qualquer intimidade. O esquema de alianças, comuns no sistema atual, são motivação para votações guiadas no Legislativo pelo interesse em cargos no alto escalão do poder.
Em busca de tempo de TV durante a campanha, por exemplo, o jurista cita a curiosa aliança de Marta Suplicy (PMDB-SP) e Andrea Matarazzo (PSD-SP) em chapa única para a Prefeitura de São Paulo nas eleições de 2016. Quando prefeita da cidade, a antiga petista Marta enfrentou ampla oposição do então tucano Matarazzo. “Hoje, ninguém se compromete com partidos”, diz Gandra Martins.
Assim como as decisões políticas são mais dependentes de aprovação de toda a base de governo, os erros também ganham linhas mais coletivas. O parlamentarismo aproveita os sistemas de destituição mais simplificados para tirar do poder o político que não esteja atendendo aos interesses da maioria.
Para defensores do sistema parlamentarista, essa é uma forma mais eficaz de botar o país no rumo desejado sem o desgaste de um processo de impeachment.
“Nas investigações da Operação Lava Jato, em que todo o governo foi contaminado, haveria base para levar ao parlamento o pedido de escolha de um novo governante e até uma dissolução do Congresso e novas eleições”, diz Gandra Martins.
Na mesma Lava Jato, porém, a recorrente troca de governantes pode gerar sensação de instabilidade política. É o que acontece na Espanha, em que, mesmo com dissolução do Legislativo e eleições, ainda há dificuldade de formar maioria no parlamento e tomar as decisões que tirem o país da crise.
Gandra Martins concorda que a instabilidade é possível no Brasil, mas “em menor grau que no presidencialismo” e “não é o que vem acontecendo no mundo em geral”. Em virtude de novas denúncias de corrupção aparecendo o tempo todo nos últimos dois anos, esse é o ponto mais sensível que carece de estudo para aplicação.
Por outro lado...
O Brasil viveu dois momentos de parlamentarismo na história, ambos em momentos de democracia frágil.
O primeiro, ainda no período de Império, ficou conhecido como “parlamentarismo às avessas”, já que ministros eram nomeados por D. Pedro II e, então, aprovados pela Câmara — o modelo tradicional prega o contrário. Quando insatisfeito pela decisão do Legislativo, o imperador tinha o poder de dissolver a Casa, fazendo com que ganhassem apenas os políticos simpáticos à monarquia.*
O segundo, em 1961, foi alternativa à renúncia de Jânio Quadros. O então vice-presidente João Goulart só foi efetivado na presidência ao abrir mão de poderes no Executivo, com previsão de plebiscito para decidir a manutenção do sistema em 1965.
No período, não houve estabilidade e primeiros-ministros foram trocados. Jango conseguiu articular uma antecipação e o presidencialismo retornou em 1963. Suas propostas para a crise econômica da época geraram articulações para o golpe militar de 1964, que o tirou do poder.
Sem grande sucesso com experiências passadas, o parlamentarismo não teve força para ser implantado mesmo depois da redemocratização. Tanto que, em 1993, o brasileiro decidiu em novo plebiscito pela República presidencialista, vigente desde então.
Considerando esses fatores e somado ao fato de que uma mudança brusca de sistema é mais custosa em termos de aprovação, há quem defenda reformas graduais do presidencialismo.
Sérgio Abranches, cientista político e autor de famoso artigo sobre o tema que trouxe à tona o termo “presidencialismo de coalizão”, diz que, quando feitos devidos ajustes ao sistema vigente, é possível reverter as crises políticas e de governabilidade.
Para o especialista, a principal chaga do sistema é a flexibilização da legislação para criação de partidos políticos. O atual ambiente tem, de acordo com ele, uma quantidade de interesses a serem atendidos pelo presidente que ultrapassa o administrável, fazendo com que concessões cada vez maiores sejam feitas para manter unida a base.
“Soma-se a isso a conivência com a corrupção e se cria um ambiente de clientelismo que gera desesperança na política e afasta o surgimento de novas lideranças”, diz Abranches. “É uma situação de barganha constante, sem que os interesses da sociedade sejam atendidos”.
Segundo o cientista político, o primeiro passo para melhoria está dado conforme se forma consenso com relação a proibição das coligações para eleições proporcionais. Essas coligações somadas ao coeficiente eleitoral gera muita sobra para eleição de deputados e vereadores com pouquíssimos votos.
“Pode juntar com a cláusula de barreira [norma que impede ou restringe o funcionamento do partido que não alcançar mínimo percentual de votos] com raiz na Constituição, mas só essa proibição já diminui a quantidade de partidos com representação no Legislativo”, afirma. “Essas mudanças poderiam derrubar de 28 para cerca de 8 partidos na Câmara, por exemplo”.
Para Abranches, o problema a ser resolvido a seguir seria a formação de um sistema federativo entre os estados brasileiros. Hoje, a formação sociocultural de cada um torna-se impasse nas negociações, pois cada região do país tem carências muito particulares e cada deputado ou senador precisa puxar para si a destinação das maiores verbas.
“Tem que ser uma mistura entre Estados Unidos e União Europeia, em que há capacidade de atuação da União na redução de desequilíbrios entre os estados”, diz Abranches. “Deve ter a autonomia estadual que os EUA têm, com restrição de uso de recursos para financiar o básico dos estados e municípios. O dinheiro federal seria para projetos específicos e dentro de um projeto de equalização social dos estados”.
Segundo o especialista, itens como saúde, educação e segurança devem ser responsabilidade do estado, não da União. Hoje, é o governo federal que repassa verba recebida por impostos para os estados. No novo modelo, o dinheiro iria direto para a administração estadual e cada uma priorizaria suas necessidades mais urgentes, evitando mais permutas políticas.
“Sem considerar esses fatores, em um sistema parlamentarista, podemos ter trocas de governo o tempo todo, já que as baixas econômicas tendem a ser mais frequentes por causa da instabilidade global”, diz.
O cientista político lembra que o processo de impeachment de Dilma está sendo traumático porque ainda tem ampla resistência de setores políticos. “No caso Collor, foi rápido e indolor”.
LINK ORIGINAL: ISTOÉ - http://goo.gl/XlJVp4
(OBS DA PÁG)
*Dom Pedro II NUNCA nomeou algum ministro simplesmente por ser à favor da monarquia, mas sim garantia a a mudança de governos em uma época que não tínhamos "povo político". Isso evitou ditaduras e golpes, coisas comuns nas repúblicas vizinhas.
E S.M. escolhia um nome de uma lista tríplice que o parlamento escolhia.
Assinar:
Postagens (Atom)





